Ni la realeza se libra de las miradas más inoportunas. La princesa Mary de Dinamarca se sentó en una cena al lado de un hombre que no supo reprimir sus instintos primarios, Pentti Arajärvi, el marido de la presidenta de Finlandia, Tarja Halonen. Las cámaras grabaron el momentazo el pasado 15 de enero: a él se le salieron los ojos de las órbitas y ella hizo un giro de cabeza para poner cara de asesina en serie.
Analizando su lenguaje no verbal, se nota a leguas que la consorte estaba muy incómoda. Rápidamente se subió el escote y se puso la mano sobre el pecho para no seguir incitando los pensamientos impuros de su acompañante.
Podéis imaginaros la vergüenza que tuvo que pasar este pobre hombre, que se ha convertido en la comidilla de la Red las últimas semanas y ha sido objeto de mofas en todos los programas de sketches de su país.
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Lo más llamativo es que mientras Mary ponía cardiaco a este comensal, en el acto celebrado en Copenhague homenajeaban a su suegra, la reina Margarita. ¡Menudo brete! ¿No calibró Arajärvi que corría peligro en territorio enemigo, rodeado por todos los miembros de la familia real danesa?
Nadie sabe a ciencia cierta si Pentti recibió una reprimenda. Ahora bien, desde entonces apenas sale del Mäntyniemi, residencia oficial que habita como cónyuge de una mandataria y donde las empleadas deben ir tapadas hasta el cuello (y no precisamente para soportar las frías temperaturas escandinavas).
Creo que Tarja Halonen habrá obligado a su marido a asistir a cursos de protocolo para que aprenda a comportarse en la mesa. Mientras, Mary, que a sus cuarenta años recién cumplidos sigue igual de espléndida, seguramente opte por vestir con más recato.
¿Qué haríais si estuvierais en el lugar de Mary? ¿Es mejor no llevar escotazos para evitar este tipo de situaciones incómodas?


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